martes, 2 de julio de 2013

Yayoi Kusama Luces para el alma

por Marcela Costa Peuser 

Obsesión infinita es la primera muestra de la artista japonesa en América Latina, hasta el 16 de Septiembre en el MALBA.


I'm Here, but Nothing (Estoy aquí, pero nada) 2000-2013
 Etiquetas vinílicas, luces fluorescentes ultravioletas, 
muebles, objetos domésticos


Festivo, elocuente y sanador; así es el arte de Yayoi Kusama. Un arte que resplandece en las salas del Malba y desborda su inconfundible sello –los lunares- en los alrededores del museo, trepando por sus árboles y convocando, a quienes se dejan seducir, a una aventura fascinante. La artista viva más importante de Japón presenta su primera muestra en Latinoamérica: Obsesión Infinita, curada por Philip Larratt-Smith, vice Curador en Jefe del museo y Frances Morris, jefa de colecciones internacionales de la Tate Modern de Londres y que reúne un centenar de obras realizadas durante casi seis décadas.

Para Philip Larratt-Smith:“Kusama sufre la enfermedad del verdadero artista. Es la artista adicta al suicidio, cuya necesidad compulsiva de convertirse y convertir su vida en una obra de arte conjura el miedo a la muerte y a la desintegración psíquica y le asegura la inmortalidad.” Nacida en Matsumoto en 1929 desarrolló su propio lenguaje visual simbólico como consecuencia de esta peculiar condición que la llevó a sufrir durante toda su vida: depresión, trastorno de despersonalización, trastorno obsesivo-compulsivo. Luchó contra ello con todas sus fuerzas: con su arte. “Fue a través de la pintura que pude superar mis angustias”, confiesa. “Por medio del arte he superado la infelicidad”.

Para Philip Larratt-Smith:“Kusama sufre la enfermedad del verdadero artista. Es la artista adicta al suicidio, cuya necesidad compulsiva de convertirse y convertir su vida en una obra de arte conjura el miedo a la muerte y a la desintegración psíquica y le asegura la inmortalidad.” Nacida en Matsumoto en 1929 desarrolló su propio lenguaje visual simbólico como consecuencia de esta peculiar condición que la llevó a sufrir durante toda su vida: depresión, trastorno de despersonalización, trastorno obsesivo-compulsivo. Luchó contra ello con todas sus fuerzas: con su arte. “Fue a través de la pintura que pude superar mis angustias”, confiesa. “Por medio del arte he superado la infelicidad”.

The Obliteration Room 
(La habitación de la erradicación) 2010  
Muebles, pintura blanca, stickers de lunares
 
La primera sala del segundo piso del Malba reúne una serie de exquisitas obras de pequeño formato que Kusama realizó en Japón en los años 50 y que nos sumergen en su particular mundo que despiertan la fantasía. Consciente de que necesitaba desprenderse de sus orígenes para expandir sus fronteras, acepta el desafío de exponer en Seattle invitada por Georgia O’Keeffe, artista preciosista norteamericana con quien se escribía. Forjadora de su propio destino vuela a Nueva York y se introduce sin concesiones en la revolución pop de los años sesenta. La segunda sala muestra un panorama de esta particular etapa de la artista en la que el color es reemplazado por sugerentes monocromías blancas en el que el –punto, lunar, unidad- invaden toda la tela. Se trata de poéticas pinturas que provocan la inmersión del espectador a una paz existencial; paz que ella misma busca.


 
Infinity Mirror Room - Phalli's Field (Sala de espejos del infinito-Campo de falos)
Tela rellena y cosida, paneles de madera y espejos, 250 x 455 x 455 cm 
 

Con el apoyo de la crítica de Estados Unidos, Kusama en esta etapa de su carrera investiga la tercera dimensión y realiza sus primeras esculturas que se caracterizan por la repetición y acumulación de manera obsesiva de formas blandas y fálicas sobre objetos domésticos y cotidianos. Elementos que reflejan –como ella misma asegura- su obsesión por el sexo y la comida y sus neurosis originadas en el hogar de la niñez. Poco a poco se vuelca por las ambientaciones, los happenings y las performances, un arte difícil de comercializar, por lo que ella misma se convierte en su propia manager y dealer. En los setenta regresó a Japón y se auto recluyó en un psiquiátrico. Hoy pinta en su taller y cada noche vuelve a la paz de la clínica. La exhibición se completa con un recorrido por sus mejores películas, la exhaustiva documentación y cuatro fascinantes ambientaciones que permiten al visitante recorrer este universo invadido  por el brillo de la vida a pesar del espeluznante miedo al vacío que lo creó. 

Yayoi Kusama nació y morirá artista y su arte es el motor que la ayudó a a superar la infelicidad. Todas y cada una de las expresiones artísticas son parte del lenguaje del alma sólo que, a veces, para expresarlas se debe encontrar el dolor y el placer de vivirlas y entender que en vez de ser un estigma son virtudes de esta vida.  

 
 Infinity Mirror Room-Filled with the Brilliance of Life
(Sala de espejos del infinito-Plena del braille de la vida) 2011


jueves, 16 de mayo de 2013

Satori acaecido en Buenos Aires, Función Lenguaje

Por Javier Almodóvar


Explica Borges que en el zen, la meditación, que puede exigir muchos años, nos libra de nuestros hábitos mentales y nos prepara para ese súbito relámpago de intuición: el satori. El mismo autor nos refirió: “escribir no era tarea de Macedonio Fernández. Vivía (más que ninguna otra persona que he conocido) para pensar. Diariamente se abandonaba a las vicisitudes y sorpresas del pensamiento, como el nadador a un gran río, y esa manera de pensar que se llama escribir no le costaba el menor esfuerzo”. Desconfiado de la erudición y del conocimiento, enamorado del pensar (“escribir es el verdadero modo de no leer y de vengarse de haberse leído tanto”), Macedonio Fernández (1874-1952) tiene algo de místico oriental –echado a perder por la negación de Dios y un irrefrenable ingenio humorístico–, e igual que sucede con estos, sus cuentos, poemas y metafísica tienen por interlocutor a nuestra percepción intuitiva más que a nuestro presunto raciocinio.



Macedonio Fernández
 

Los aforismos del Tao Te King chino nos interrogan con construcciones verbales que eluden toda lógica –es decir niegan toda lógica–. Los escritos de Macedonio desarrollan las posibilidades de esos mismos mecanismos: rechazan nuestras expectativas y en su lugar se nos otorga la responsabilidad de hacer frente a la vía que se apunta como acceso a una nueva inteligibilidad del Ser (palabra tan desgastada hoy y tan fundamental en Macedonio.) Persona descreída de la historia (“en vano diga la historia, en volúmenes inmensos, sobre el mucho haber mundo antes de ese 1º de junio”) y, por lo tanto, de la autobiografía –en definitiva de cualquier explicación del ser a partir de la memoria de un pasado que se recuerda hoy–, Macedonio no admite más verdad que una ensoñación sin causa externa que localiza en una psique para la que solo reconoce un existir presente (“que la única realidad o ser es el Psiquismo”, “el sentir y el imaginar es lo único existente: nada existe que lo cause”) y en la que la partición vigilia y sueño es un artificio cuya absurda vigencia es imperioso derogar si se quiere acceder a algún tipo de verdad (“el ensueño y la vigilia son plena e igualmente reales”.) Convencido, por otro lado, de la relación entre la actitud del individuo y su eternidad (“puede crearse en el hábito mental una inhibición tan fuerte como un candado, una parálisis o un rinoceronte interpuesto entre nuestro pan del día y nuestro acto de asirlo y llevarlo a la boca”), también el tiempo –imposición del verbo –, merece la atención de Macedonio, quien recurre a la deconstrucción de la cronología para eludir su dictadura: las cosas suceden antes o después de haber sucedido, –¿Sueño o realidad?–, o bien se especula con el resultado de singulares propuestas como las operaciones de extirpación del sentido de futuridad –Cirugía psíquica de extirpación– que aseguran un vivir en intenso y perpetuo presente (“el pasado, ausente el futuro, también palidece, porque la memoria apenas sirve; pero qué intenso, total, eterno el presente”.) Nada que objetar a semejantes soluciones a la cuestión metafísica... excepto su irrelevancia frente al verdadero propósito de Macedonio: incitarnos a abrir los ojos precisamente allí dónde el lenguaje nos dice que han de permanecer cerrados, mirar con atención dónde se nos ha dicho que no hay otra cosa que nada, despreciar el tacto oleaginoso, el sabor insípido y el olor rancio del Acuerdo General –esa cosa de origen oscuro e intención siempre sospechosa–.

Recordemos su primer título: No todo es vigilia la de los ojos abiertos. Todo este andamiaje establece (pero no delimita) un territorio literario en que suceden el cuento y el poema, dentro de los que a menudo se persona el autor –esa psique incorpórea a la que alude el título–. Al igual que en los libros orientales de la sabiduría, los heterogéneos textos incluidos en Manera de una psique sin cuerpo nos revelan cuan frágil son los materiales con los que erigimos nuestra particular realidad. El empeño de Macedonio es demostrarnos, por múltiples vías, qué lejos está de la intuición un conocimiento lexicológico del mundo (“nombrar es separar, discernir de otra cosa, y no hay “otra cosa” de lo sentido”.) El enigma es, para él, cómo la palabra, emancipada e informada de atrofiado significado, se revela contra el hombre y establece divisiones artificiosas a las que una observación atenta demuestra que la realidad, una y otra vez, se resiste a adecuarse. Ya advierte Macedonio: “mantente en el Misterio, lector.”

No podemos olvidarnos en estas líneas de esa aparición que sucede aquí y allá: la de la amada esposa muerta –Elena Obieta– para quien escribe la elegía Elena Bellamuerte. En el lugar en el que debiera aparecer la queja, el lamento o el recuerdo, Macedonio afirma una búsqueda que, en la imposibilidad de su éxito encuentra su victoria: muerte burlada –“No eres, Muerte, quien por misterio / pueda mi menta hacer pálida / cual eres ¡si he visto / posar en ti sin sombra el mirar de una niña! / De aquella que te llamó a su partida / y partiendo sin ti, contigo me dejó / sin temer por mí”– y reemplazada por la búsqueda de la amada que al no aparecer niega su desaparición: “¿Dónde te busco, alma afanosa / alma ganosa, buscadora alma? / Por donde vaya mi seguimiento / -alma sin cansancio seguidora- / mi palabra te alcance”. Inquieta y emociona oír su grito tras la negación de la muerte: “Y si así no es ¡no cortes Hombre mi palabra! / Y si así no es, es porque es mucho más”.

En los textos diversos de Macedonio conviven, es cierto, tesis antagónicas, hecho que no le era ajeno y a lo que, por otro lado, no hay que dar mayor importancia. Es un autor que conmueve por su tenacidad y obstinación en negar la muerte y afirmar el amor y la vida, capaz de suspender nuestro escepticismo ante la paradoja con el fin de ofrecernos, mediante su superación, nuevas vías de conocimiento, un autor que tiene una especial agudeza para descubrir esa posibilidad narrativa que sorprende, a quien sabe verla, tras el final de la frase –aunque tantas veces se incline por el chiste, eso sí, nada fácil–. Es la suya una obra comenzada y necesariamente inacabada: su pretensión de encontrar una respuesta total (“porque Poeta es saberlo todo”) es un imposible y así lo reconoce: “aquí callo sin comprender”. No importa; queda para el lector continuar por el espacio que ha quedado a la vista –y sin descifrar– en el recorrido por las páginas de Macedonio. Una última clave para su lectura: “sería un fracaso que el lector leyera claramente cuando mi intento artístico va a que el lector se contagie de un estado de confusión”.

En FUNCION LENGUAJE

 Elena bellamuerte 
Macedonio Fernández
 (Poema completo)
 

                        No eres, Muerte, quien
                        por nombre de misterio
                        pueda a mi mente hacer pálida
                        cual a los cuerpos haces. ¡Si he visto
                        posar en ti sin sombra el mirar de una niña!
                        De aquella que te llamó a su partida
                        y partiendo sin ti, contigo me dejó
                        sin temer por mí. Quiso decirme
                        la que por ahínco de amor se hizo engafiosa:
                        «Mírala bien a la llamada y dejada: la Muerte.
                        Obra de ella no llevo en mí alguna
                        ni enojéla,
                        su cetro en mí no ha usado,
                        su paso no me sigue
                        ni nevó su palor ni de sus ropas hilos
                        sino luz de mi primer día,
                        y las alzadas vestes
                        que madre midió en primavera
                        y en estío ya son cortas;
                        ni asido a mí llevo dolor
                        pues ¡mírame! que antes es gozo de niña
                        que al seguro y ternura
                        de mirada de madre juega
                        y por extremar juego y de amor certeza
                        -ved que así hago contigo, y lo digo a tus lágrimas
                        a sus ojos se oculta.
                        Segura
                        de su susto curar con pronta vuelta».
                        ¡Si he visto cómo echaste
                        la caída de tu vuelo, tan frío,
                        a posarse al corazón de la amorosa!

                        Y cuál lo alzaste al pronto.
                        de tanta dulzura en cortesía
                        porque amor la regía,
                        porque amor defendía
                        de muerte allí.
                        -----------------------------------
                        Yo sabía muerte pero aquél partir no.
                        Muerte es beldad y me quedó aprendida
                        por juego de niña que a sonreída muerte
                        echó la cabeza inventora
                        por ingenios de amor mucho luchada.
                        --------------------------
                        Muerte es Beldad
                        mas muerte entusiasta,
                        partir sin muerte en luz de un primer día
                        es divinidad.

                        Grave y gracioso artificio
                        de muerte sonreída
                        ¡oh cuál juego de niña
                        lograste, Elena, niña vencedora!
                        Arriba de Dios fingidora
                        en hora última de mujer.

                        Mi ser perdido en cortesía
                        de gallardía tanta,
                        de alma a todo amor alzada.
                        ¿Cuánto será que a todo amor alzado,
                        servido a su vivir,
                        copa de muerte a su vivir servida,
                        pruebe otra vez, la eterna vez del alma,
                        el mirar de quien hoy sólo el ser de la Espera
                        cual sólo el ser de un Esperado tengo?


                        En CIUDAD SEVA


Manera de una psique sin cuerpo (Fábula)
Macedonio Fernández

martes, 14 de mayo de 2013

La mirada transgresora y feminista de Lucía Pizzani

por Grisel Arveláez


En Blanco Series, 2007





El cuerpo sexuado femenino, la fragmentación del cuerpo en la posmodernidad, el cuerpo social. Los contextos, los referentes históricos, la cultura de masas. Todos ellos son elementos que confluyen en la obra plástica de Lucía Pizzani para entablar relaciones histórico-críticas y de género. Esta joven artista venezolana, residente en Londres, no se desprende por completo del escenario cultural de nuestro país. Muestra de ello fue su participación este año en el XII Premio Eugenio Mendoza, del cual resultó ganadora. En el marco de este evento tuvimos una conversación que se convirtió en una amena charla, tan interesante como su obra.

Como artista no pretende elaborar juicios de valor acerca de las sociedades que explora sino hacer “comentarios”. Comentarios que, sin embargo, son reflexivos, catárticos y, que desde su lenguaje poético, van al grano. Pizzani concibe su propuesta artística desde una mirada feminista más que femenina pues reconoce su participación activa en lo político y social. Su estética nace de una perspectiva personal que, conforme va tomando forma, se inserta con mayor tesón en discursos sociales. Al representar las problemáticas del cuerpo fragmentado y sus entornos, le interesa el cuerpo discernido desde lo posmoderno: “el individuo nunca alcanza la unidad perfecta, o sea todo lo que nos rodea nos ha hecho individuos fragmentados”. Lucía Pizzani es hija de Nella Ochoa y Jorge Pizzani, dos artistas venezolanos consagrados, y cuenta con una formación académica rigurosa y amplia en artes y comunicación cursada en Venezuela, Estados Unidos e Inglaterra con miras a seguir ampliándose.


 




  Galería Fernando Zubillaga Caracas, 2012
—Siendo hija de artistas reconocidos y por tu amplia formación, cuéntanos de tus influencias y cómo obtienes esa individualidad que, sin duda, logras.
—Las influencias que pudiera tener de mis padres son las que pueda tener cualquier otro artista de su entorno. Mi contexto fue ese, por lo tanto de él me nutrí. De ahí tomo cosas como la danza contemporánea y la expresión corporal que hice cuando participaba, muy pequeña, en los video-artes y performances de mi mamá. De mi padre pudiera tener una influencia más relacionada con la estética y la plástica. Sin embargo, no hay algo que nos una directamente como artistas porque la pintura no es mi medio expresivo ni el dibujo. Sin embargo, muchas de mis obras tienen estrategias que, de alguna manera, se refieren al dibujo: los monotipos de La desconocida del Sena y otras Ofelias, al verlos en papel, pareciera que fueron hecho en dibujos, pero en realidad partieron de un molde que imprimo y luego lo trabajo con agua. El agua es lo que hace el dibujo. Como estamos hablando de una Ofelia, de una joven ahogada, la idea era que el rostro se sumergiera y desapareciera. Entonces, claro que hay influencia de mis padres porque ese fue mi entorno, mi contexto. En cuanto a la individualidad, como tengo casi más de 10 años viviendo afuera, he tenido la separación y el espacio suficientes de crear sin sentir que estoy a la sombra de ellos.



Piñata teta-culo


—¿Cómo concibes lo femenino en tu arte? ¿Te consideras una artista transgresora?
—La verdad es que en algunas de las obras hay más transgresión que en otras. Justamente el año pasado estuve en una exposición colectiva en Inglaterra que se llamó Transgressions. Allí presenté Inmaculada, una silueta de la Inmaculada Concepción recortada en acrílico negro, un material reflectante, cortada a mi tamaño, a 1.60 mts. Entonces, al verla, se puede percibir como si fuera un hueco en la pared, una especie de portal, o una vagina. Podías ver todo eso, pero en realidad es una virgen. En piezas así es más frontal la transgresión. Lo femenino siempre ha estado en mi obra desde que empecé a trabajar con el cuerpo, porque nací mujer. Sin embargo, de femenino pasó a ser más feminista porque tomé una posición un poco más política y social, tocando temas como el cuerpo de la mujer. Por ejemplo, en Piñata teta-culo comento que pareciera que las mujeres quisieran tener dos traseros, uno adelante y otro atrás, para llenar ciertas expectativas que se crean en un sociedad donde toda su imaginería y, lo que produce, hace que uno tenga que llenar esta cuota: que las mujeres se operen y se sometan a estos procedimientos quirúrgicos por llenar un prototipo. Es algo personal y pueden haber razones fuertes, de verdad no me quiero meter en el terreno de lo personal, pero si exponerlo como fenómeno social.

—En cuanto a la noción de cuerpo social, ¿cuáles ideas tejidas por la sociedad te interesa reflejar?
—La noción del cuerpo parte de inquietudes personales porque vienen de mí, pero intento buscar temas o cosas que estén sucediendo en la sociedad. Por lo tanto, el cuerpo se vuelve social. En la Ofelia llevo un tema que puede ser totalmente individual, que parte de la fragilidad muy personal, y lo traslado al terreno de lo social cuando tomo cuatro casos, de cuatro mujeres, en cuatro ciudades diferentes. Trato de compartir y traer al tapete sus vidas: qué paso, por qué, cómo llegaron ahí. El referente histórico está presente en mis últimas propuestas. Como en Orchid, ese momento en el que las mujeres pelearon por el voto. Esta exposición empezaba ahí y terminaba en la colección de orquídeas de una mujer venezolana, Anala Planchart. Entonces planteaba un círculo a nivel geográfico porque empezaba en Londres y terminaba en Caracas, pero también ese círculo era histórico que iniciaba en la época victoriana en Londres y terminaba en la Caracas modernista. Me gusta hacer estos paralelismos históricos entre diferentes momentos.

 

De la Ofelia del Sena y otras desconocidas (2012-2013)


—Como ganadora del XII Premio Eugenio Mendoza te vas a España a seguir tus estudios de artes. ¿Qué sigue en la obra de Lucía Pizzani?
—Hangar es en septiembre. Por ahora tengo pensando trabajar una historia derivada de La desconocida del Sena, que se basa en una novela que escribió un británico con la desconocida del Sena como figura principal pero que, de alguna manera, cobra vida. Puede ser que este material venga para la individual en la Sala Mendoza en 2014, que es parte del premio. La idea es que lo que produzca en el Hangar venga para Caracas en 2014.



Retrovisor (2013) Detalle
Trozos de espejo sobre pared pintada de negro
Masquerade-Be Another (Máscara-Sé Otro)
 Stephen Lawrence Gallery London


lunes, 15 de octubre de 2012

Grandes pechos amplias caderas, Mo Yan (fragmento)

Premio Nobel de Literatura 2012



En esta novela, escrita en 2007, Mo Yan exalta la figura y el cuerpo femenino. La protagonista, Shangguan Lu, una férrea superviviente que da a luz a ocho niñas hasta conseguir al deseado varón que hará perpetuar la estirpe, arriesga su vida en diferentes ocasiones para salvar la de sus hijos y nietos en medio del caos, de las guerras y las penurias de una violenta sociedad china. Sola, con escasa ayuda y sometida a la agitación política del feudalismo o de la era maoísta. Madre, que fue obligada a crecer con los pies vendados y a casarse con un herrero estéril, representa el homenaje del autor a la resistencia y al universo femenino. 

Capítulo I

Desde su kang –la plataforma de ladrillo y tierra prensada en la que solía dormir–, donde estaba acostado tranquilamente, el Pastor Malory vio un haz de luz roja y brillante que iluminaba el pecho rosado de la Virgen María y la cara regordeta del Niño Bendito, que ella sostenía entre sus brazos, y que estaba con el trasero desnudo. El agua de las lluvias del último verano había dejado unas manchas amarillas sobre el óleo del retablo, dando a la Virgen María y al Niño Bendito una expresión ausente. Una araña de patas largas colgaba de un hilo plateado junto a la luminosa ventana, meciéndose en una ligera brisa. Por la mañana, las arañas traen felicidad, y por la tarde prometen riqueza. Eso era lo que la pálida pero hermosa mujer había dicho, un día, al ver a una de estas criaturas de ocho patas. Pero ¿a qué felicidad puedo aspirar yo? Todos los pechos y culos celestiales de sus sueños fulguraron en su mente. Oyó, provenientes del exterior, el ruido de los carros y los graznidos de las grullas en la ciénaga lejana, además de los balidos enfadados de su cabra lechera. Los gorriones golpeaban ruidosamente contra el papel que tapaba la ventana. Las urracas, los llamados pájaros de la felicidad, cotorreaban en los álamos cercanos. Por la apariencia que tenía todo, bien podría ser que la felicidad estuviera hoy en el aire. Entonces, de repente, su mente se aclaró, y la hermosa mujer con una tripa increíblemente grande apareció de forma violenta, rodeada por un halo de luz cegadora. Sus labios temblaron nerviosamente, como si estuviera a punto de decir algo. Estaba en el undécimo mes de embarazo, así que hoy debía de ser el día. En un instante, el Pastor Malory comprendió el significado de la araña y de las urracas. Se incorporó y bajó de su kang. 

Después de coger un cántaro de barro negro, caminó hasta la calle que había detrás de la iglesia, donde vio a Shangguan Lü, la esposa de Shangguan Fulu, el herrero, que estaba inclinada, barriendo la calle frente a la tienda. Su corazón se detuvo por un instante y sus labios temblaron. “Dios de mi vida –murmuró–. Señor Todopoderoso...” Se santiguó con un dedo y retrocedió lentamente hasta una esquina para observar, en silencio, a la alta y decidida Shangguan Lü que, callada y concentrada, barría el polvo que se había humedecido con el rocío y lo dirigía hacia su recogedor, separando cuidadosamente los trozos de basura y dejándolos a un lado. Sus movimientos eran torpes pero vigorosos; su escoba, trenzada con campanillas de mijo dorado, era como un juguete en sus manos. Tras llenar el recogedor y apisonar el polvo que quedaba en el suelo, se irguió.

Justo cuando Shangguan Lü había empezado a irse, oyó un fuerte ruido a su espalda y se dio la vuelta para ver de qué se trataba. Algunas mujeres venían corriendo a través de la puerta negra de la Casa Solariega de la Felicidad, donde tenían su hogar las familias acomodadas de la ciudad. Iban vestidas con harapos y sus caras estaban manchadas de hollín. ¿Por qué estas mujeres, que normalmente se visten con sedas y satenes, y que nunca se dejan ver sin antes haberse pintado los labios, van vestidas así? En ese momento, un carretero conocido por todos como Viejo Paro surgió del conjunto montado en su nuevo carro, con su dosel verde oscuro y sus ruedas de goma. Las mujeres subieron a bordo incluso antes de que se detuviera del todo. El carretero bajó y se sentó en uno de los húmedos leones de piedra a fumarse una pipa en silencio. Sima Ting, el administrador de la Casa Solariega de la Felicidad, emergió del conjunto con un ave de cetrería, moviéndose tan rápida y grácilmente como un jovencito. Bajando de un salto, el carretero le echó una rápida mirada al administrador, que le quitó la pipa de las manos, dio unas cuantas pitadas bien ruidosas y dirigió la vista hacia el cielo rosáceo de la primera hora de la mañana, bostezando con fuerza.

–Hora de irse –dijo–. Espérame en el Puente del Río del Agua Negra. Tardaré un momento.

Con las riendas de una mano y el látigo en la otra, el carretero hizo girar el carro. Las mujeres que iban en la parte de atrás gritaban y charloteaban. El látigo restalló en el aire y los caballos empezaron a trotar. Las campanas de cobre que llevaban los caballos alrededor del cuello empezaron a cantar vigorosamente, las ruedas del carro crepitaban en el camino de tierra y unas nubes de polvo se levantaban al paso del vehículo.

Después de echar una meada en medio de la calle, Sima Ting le gritó al carro, que ya estaba lejos; después, aferró su ave de cetrería y se subió a la torre, que consistía en una plataforma de unos cien metros la altura apoyada sobre noventa y nueve gruesos troncos y coronada por una bandera roja que se mecía plácidamente en el limpio aire de la mañana. Shangguan Lü lo estuvo observando mientras él escudriñaba el noroeste. Con su cuello largo y su boca puntiaguda, se parecía un poco a un ganso que se hubiera medito en un canal de irrigación.

Una nube de niebla que parecía de pluma llegó rodando por el cielo y se tragó a Sima Ting para regurgitarlo después. Los matices sangrientos de la salida del sol tiñeron su cara de rojo. A Shangguan Lü le pareció que la cara se le cubría de una deslumbrante capa de jarabe pegajoso. Cuando levantó el ave de cetrería por encima de su cabeza, tenía la cara tan roja como la cresta de un gallo. Shangguan Lü escuchó un débil sonido metálico. Era el gatillo que accionaba el disparador. Con el trasero del ave apoyado en su hombro, se quedó quieto, esperando solemnemente. Lo mismo hizo Shangguan Lü, mientras el peso del recogedor le entumecía las manos y hacía que le doliera el cuello por sujetarlo en una posición tan forzada. Sima Ting bajó el ave de cetrería y se enfadó como un niño pequeño en pleno berrinche. Ella lo escuchó maldecir a la pistola: ¡Tú, pequeño bastardo! ¿Cómo te atreves a no disparar? Lo volvió a levantar y apretó el gatillo. ¡Pam! Una llamarada siguió al penetrante sonido, y simultáneamente oscureció los rayos del sol e iluminó su cara enrojecida. Entonces, una explosión interrumpió el silencio que se cernía sobre el pueblo; la luz llenó el cielo de brillantes colores, como si un hada, de pie sobre la punta de una nube, estuviera regando la tierra con radiantes pétalos de flores. El corazón de Shangguan Lü se aceleró, excitado. Aunque no era más que la esposa del herrero, manejaba el martillo y el yunque mucho mejor de lo que nunca lo haría su marido. La mera visión del metal y el fuego le calentaba la sangre en las venas. Los músculos de sus brazos se agitaron como látigos. Acero negro que golpeaba contra el rojo, chispas volando por el aire, la camisa empapada de sudor, arroyuelos de agua salada descendiendo por el valle entre los pechos bamboleantes, el penetrante olor del metal y de la sangre llenando todo el espacio que hay entre el cielo y la tierra. Observó a Sima Ting retroceder en su percha; el límpido aire de la mañana, a su alrededor, se había cargado con el olor de la pólvora. Dando vueltas por la pequeña plataforma, anunció a toda la ciudadanía de Gaomi del Noreste:

–Atención, compañeros y conciudadanos adultos: se acercan los japoneses.

Título original: Feng ru fei tun, traducido al español por Sandra Dijkstra y Sandra Bruna. Con autorización de la editorial Kailas. En La Jornada

Mientras la disidencia china critica que Mo Yan haya obtenido el Nobel de Literatura, por considerarlo un hombre cercano al Partido Comunista Chino y vicepresidente de la Asociación de Escritores de China, organización respaldada por el Gobierno, el Nobel de Literatura 2012 ha pedido la liberación de su compatriota encarcelado y Nobel de la Paz 2010, Liu Xiaobo, quien fue condenado a 11 años de prisión en 2009 por pedir reformas democráticas y el fin del gobierno del partido único.

"Espero que pueda recuperar la libertad tan pronto como sea posible" y que pueda dedicarse a investigar "sus políticas y su sistema social", expresó Mo Yan en su pueblo natal, Gaomi, en la provincia de Shandong. Estas declaraciones, seguramente, serán recibidas con enojo por las autoridades chinas, quienes por su parte, no han dejado de sacarle partido a la figura del escritor con fines propagandísticos.

lunes, 26 de diciembre de 2011

Poesía: Eugenio Montejo allana la torre de marfil

La Poesía 

La poesía cruza la tierra sola,
apoya su voz en el dolor del mundo
y nada pide
ni siquiera palabras.

Llega de lejos y sin hora, nunca avisa;
tiene la llave de la puerta.
Al entrar siempre se detiene a mirarnos.
Después abre su mano y nos entrega
una flor o un guijarro, algo secreto,
pero tan intenso que el corazón palpita
demasiado veloz. Y despertamos


Pájaros

Oigo los pájaros afuera,
otros, no los de ayer que ya perdimos,
los nuevos silbos inocentes.
Y no sé si son pájaros,
si alguien que ya no soy los sigue oyendo
a media vida bajo el sol de la tierra.
Quizás es el deseo de retener su voz salvaje
en la mitad de la estación
antes que de los árboles se alejen.

Alguien que he sido o soy, no sé,
oye o recuerda,
si hay algo real dentro de mí son ellos,
más que yo mismo, más que el sol afuera,
si es musical la fuerza que hace girar el mundo,
no ha habido nunca sino pájaros,
el canto de los pájaros
que nos trae y nos lleva.

Escribiré con piedras 

Alguna vez escribiré con piedras,
midiendo cada una de mis frases
por su peso, volumen, movimiento.
Estoy cansado de palabras.
No más lápiz: andamios, teodolitos,
la desnudez solar del sentimiento
tatuando en lo profundo de las rocas
su música secreta.
Dibujaré con líneas de guijarros
mi nombre, la historia de mi casa
y la memoria de aquel río
que va pasando siempre y se demora
entre mis venas como sabio arquitecto.
Con piedra viva escribiré mi canto
en arcos, puentes, dólmenes, columnas,
frente a la soledad del horizonte,
como un mapa que se abra ante los ojos
de los viajeros que no regresan nunca.
 
Una entrevista imaginaria a Eugenio Montejo

Un poeta a larga distancia viérnes, diciembre 05, 2008

“Podemos construir un país completo escribiendo con piedras”


El poeta y ensayista venezolano, fundador de la revista Azar Rey y co-fundador de la Revista Poesía de la Universidad de Carabobo, fue investigador en el Centro de Estudios Latinoamericanos "Rómulo Gallegos". Tras una búsqueda exhaustiva, el poeta caraqueño expresó su visión presente y a futuro de la poesía y literatura venezolana, así como su perspectiva extrínseca del país. 
 
Eugenio Montejo expresó que en Venezuela se vive una censura velada a los medios de comunicación y una situación poco favorable para los intelectuales. Denunció el  impulso de la literatura propagandística y que ha retirado su apoyo a todas las editoriales que no comulgan con sus ideas.  
A través de una llamada telefónica el poeta expresa pensamientos que aún no han muerto, y mediante el auricular, se podía escuchar su voz aclarándose y el crujido de sus bigotes siendo peinados por sus dedos.

—¿Le sorprende que lo llame a su nueva residencia?

—Como podrás imaginar no mucha gente me llama acá. Ellos saben que me fui, pero no saben para dónde. Sin embargo recibo muchas cartas, las leo con mucha atención y cuidado; pero no sé cómo contestarlas. Cuando supe que querías hablar conmigo tuve que notificar con mucha anticipación y hacer una larga fila de espera para aguardar a que me llamaran. Todos los que esperaban conmigo se emocionaban cuando escuchaban la campanilla del teléfono; pero yo no, en realidad no tenía prisa. Cuando llegó tu llamada sí fue una sorpresa para mí porque no la esperaba.

—¿Recuerda cómo llegó allá?

—No. Sólo recuerdo la sensación de haber despertado de un largo sueño del cual no recuerdas nada. Cuando desperté, vi a lo lejos a un montón de gente que me miraba con caras extrañadas. Pensé que me rodeaban, pero en realidad era yo quien los había interrumpido.

—¿Está informado de la situación de Venezuela?

—Ha pasado poco tiempo, esperaba que hubiesen cambios más radicales. Aunque se han vivido meses de paz, aún falta mucho camino por recorrer. Yo ya no puedo hacer nada; pero espero que lo que hice haya servido del algo.

—¿Qué podemos hacer para cambiar?

—Yo te puedo hablar como poeta, porque nunca ejercí mi carrera. Para que la literatura deje de existir en función del clientelismo del Estado que ha retirado su apoyo a todas las editoriales que no comulgan con una ideología vacía, hay que escribir desde el alma. No hay otra forma de escribir poesía más que con el corazón.

A pesar de las dificultades que enfrentan actualmente los poetas y su constante lucha para ser publicados, en especial con esta contracorriente política, hay que seguir escribiendo por la pasión de escribir. Hay que enamorarse de los versos y engendrar más versos. Esta situación es difícil para los intelectuales, porque nosotros no respondemos a intereses políticos, sólo respondemos al arte.

—¿Ahora con qué escribe?

—Lamentablemente estoy cansado de las palabras y los lápices, aquí nada permanece, todo se escapa hacia el cielo blanco, al menos creo que eso es el cielo. Y traté de construir puentes, muros, pero todo se esfumaba. Ya no puedo escribir más. 
 
Pero quiero recordarte que en Venezuela es posible construir un país completo escribiendo con palabras de roca que lleven tatuada la música secreta de los sentimientos. Como decía Agustín Basave, “la filosofía y la poesía cumplen una función humana igualmente liberadora: la sospecha de que el universo no se limita a ser lo que es”. Siempre hay que evitar las imposiciones.

—¿Qué piensa ahora de la terredad?

—Ahora la veo con nostalgia; pero viví lo que viví y no creo arrepentirme de nada, al menos nada grave. Siempre temí no haber vivido lo suficiente, estar en contra de mi reloj biológico, creía que no me iba a dar tiempo de nada. Ahora que puedo ver mi vida completa, me doy cuenta de que hice lo mejor con mi terredad, que fue escribir. 
Creo que la terredad de los jóvenes escritores se encuentra en luchar. Ahora la poesía y la literatura se han convertido en una gran lucha, un arma para hacer cambios.

—¿Se considera un poeta a larga distancia?

—No, lo que escribí se quedará así para siempre, no puedo construir nuevas palabras para ustedes. Siempre seré fiel a la noche de los versos y al fuego de todas sus estrellas. Pero cuando las miro desde aquí comprendo que no podría irme, no sé habitar otro paisaje; olvidé vivir cuando pisé esta tierra. Ni con la muerte dejaría que mis cenizas salgan de sus campos; ni yo profanara tus aposentos con mi espectro.

Yo pasé indirectamente mi legado hacia los jóvenes de corazón que tengan el tiempo que yo no dispongo para seguir escribiendo poesía. Por otro lado, si lees mis ensayos y poemas, me estás leyendo a mí. Desde ese punto de vista creo ser un poeta a larga distancia. Estoy en esas palabras pero me encuentro muy lejos. Además, ese término tiene implícito la posibilidad de un viaje y un encuentro. Todos nos conoceremos tarde o temprano.

—¿Regresará?

—No lo sé, pero no tengo muchas esperanzas. Desde que entré aquí no he podido ir a otro lugar; no me lo permiten. En esta planicie sólo puedo caminar, pensar y tener conversaciones inútiles con los otros poetas y filósofos que me acompañan. Aunque siempre preferiré donde vives ya que la tierra es el único planeta que prefiere los hombres a los ángeles.
Más que el silencio de la tumba temo la hora de resurrección: demasiado terrible es despertar mañana en otra parte.


Edición y Redacción: Anna Feuerberg.
Publicado por Andrea Rebolledo, Sleep Deprivation. http://sleepdeprivationblog.blogspot.com/2008/12/una-entrevista-imaginaria-eugenio.html
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